La reforma de la Diagonal, empieza el baile…

la diagonal

(en català -tras el salto-)

Hace tiempo que todos los barceloneses saben que se va a reformar la Avinguda Diagonal, aquélla avenida por donde entraron triunfales las tropas nacionalistas hace siete décadas.

El consistorio ha gastado todo el dinero que no tiene para que los barceloneses sepamos que dicen que podemos aportar nuestras ideas (no en que realmente podamos aportarlas en condiciones). Lo primero que se puso sobre la mesa fue lo que hace muchos años (des de que lo recuperaron) la población y asociaciones en defensa del transporte público y por la sostenibilidad medioambiental, así como asociaciones juveniles: Conectar los tranvías que hay en el resto de la avenida. Lo pretenden esconder tras un referéndum, que tiene más de experimento que de ejercicio de democracia real.

Inicialmente se dijo que si, luego que no, luego otra vez que si, y ahora un “igual no”.

Esto unos días después de un acto del RACC, ejerciendo de lobby, donde se cuestionó el tranvía y se exigió que los carriles de coches y la velocidad de los mismo “ni tocarlos”.

La verdad es que si no es para poner tranvía, restar espacio a los vehículos privados y racionalizar el carril bici (uno de los más antiguos y mal resueltos de Barcelona), no se necesita ninguna reforma.

(Bueno, si, para “ayudar” a alguna constructora “amiga”, que no está ganando suficientes millones, y no está explotando suficientes trabajadores)

Ahora se pelean los grupos municipales, y se demuestra quien dicta la política en nuestra ciudad, unos pocos lobbies, con altos funcionarios del ayuntamiento, empresas “públicas” (me entra la risa floja al oír eso), y demás.

¿Que nos toca a nosotros, ahora? Hacer más que nunca, organizarnos más que nunca, agruparnos más que nunca, y demostrar que hay otra manera de hacer las cosas, de construir la ciudad que queremos, como queremos. Somos muchos, tenemos ideas, y tenemos la razón. De hecho tenemos muchas razones.

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Artículo: Izquierda Herida

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Artículo publicado en “Dominio Público” por Juan Carlos Monedero.

Desde que se empezó a hablar de derecha e izquierda en la Revolución Francesa, la derecha está conservando y la izquierda se está refundando. Conservadores y reaccionarios miran al pasado. Progresistas y revolucionarios, al futuro. Margaret Thatcher golpeó esa idea cuando reprochó a los dinosaurios del PCUS querer mantener la Unión Soviética. Anthony Giddens habló al oído de la socialdemocracia, susurrándole la conveniencia de aceptar, junto al liberalismo político, el liberalismo económico. Se hicieron socialistas a fuer de liberales. En EEUU no hay pobres, sino loosers (perdedores). Aquí vamos en camino. Lo que el mercado no te dé, San Pedro te lo bendiga.

La izquierda está herida. De éxito –construir una sociedad real o potencial de clases medias–, de fracaso –no lograr esa sociedad en donde “la libertad de cada cual sea la condición de la libertad de todos”– y de indolencia –haber abandonado la lucha por la hegemonía–. Con el siglo, fue dando vueltas y vueltas a la estaca, acortando en cada giro la cuerda. Cuando se aproxima a tareas de gobierno no hace nada radicalmente diferente de lo que impulsan las fuerzas del gran centro. En tiempos de crisis, lejos de dar una respuesta a por qué en mitad de la barbarie no surge un cambio radical, se limita a adjetivar al sistema como “salvaje”, ofreciéndose como el domador firme de los desmanes de la fiera. Cuando habla de modelos, insiste en algunos claramente insuficientes. No hay ideas. Difícil despertar así a los dormidos.

En las postrimerías del franquismo, Fraga ganó una espectacular batalla después de vivo: “España –dijo, y todos asintieron– es diferente”. Muerto el caudillo, la ciencia económica se lanzó a demostrar que el atraso de España en realidad no era tal, y los sociólogos se empeñaron en certificar la normalidad hispánica. La izquierda olvidó su propia experiencia y se resignó a importar ese patrón europeo. Aún sigue haciéndolo, y por eso sigue rehén de la última moda ideológica.

En Europa, al igual que en España, las democracias liberales implosionaron en los años treinta, dejando paso a regímenes fascistas. La respuesta fue el antifascismo, responsable de la derrota de las potencias del eje (y en España, de los tres años que lució el cartel de “no pasarán” en la Plaza Mayor de Madrid). Comenzó entonces una pugna entre el liberalismo que pretendía sin más regresar al pasado, y las fuerzas antifascistas, que incorporaban una superación de la democracia liberal.

Triunfó el pasado, aunque tuvo que negociar con esa izquierda las bases constitucionales e, incluso, su participación en diferentes niveles de gobierno. La construcción europea, hasta el Tratado de Maastricht de 1992, estuvo marcada por esa impronta social.

Ahí están las claves de la diferencia de España. No en el nacional-catolicismo, sino en la ausencia social y política del antifascismo, fusilado y enterrado en cunetas, preso y torturado, exiliado, separado de sus cátedras y escuelas, desempleado y excluido, olvidado y, en la Transición, vuelto a olvidar. No hay diferencia con la Europa demoliberal –incluso puede encontrarse fuera una mayor densidad, como demuestra el caso de Berlusconi–, pero paga el precio de la ausencia de ese porcentaje de sociedad civil dura, republicana y defensora de las virtudes públicas, demócrata radical y movilizada de izquierda transformadora. El pacto de la Transición hizo olvidar la II República, la Guerra Civil y el franquismo. También el antifranquismo. El Partido Comunista de España, en nombre del consenso, aparcó el reconocimiento de todos aquellos y aquellas que lucharon por la legalidad republicana. Ese exceso de prudencia sepultó la memoria histórica y negó la impronta del antifranquismo en la democracia. E incluso impidió cualquier tipo de democracia interna en el partido que resumía la oposición al régimen del general Franco. La huella genética de la democracia española reposaba en una Transición salvada por el rey, y no en la lucha de los que se jugaron todo peleando contra nuestra prolongada ración de fascismo. Se nos hurtó discutir la Constitución del 78, asumimos Europa como un mantra, dimos a la extrema derecha marchamo democrático al esconderla –a veces ni siquiera– en uno de los partidos del consenso. En definitiva, arrastramos renqueantes algo mal resuelto.

La última gran refundación de la izquierda española nació del impulso social del referéndum contra la OTAN. El loable intento en marcha no presenta una gran diferencia con aquel proceso que dio nacimiento a IU, fuera de que no hay acción colectiva relevante y aquella Izquierda Unida se ha fragmentado en más grupos que los que le dieron origen. La refundación de la izquierda impulsada por un PCE al que le pesa un pasado –y a menudo un presente– cainita, hace ruido con el sentido común social de izquierda, fruto de la memoria y de las contradicciones que genera el sistema. Lleva, pese a haber votado o trabajado en ese espacio, 30 años sin poder referenciarse políticamente. ¿Qué es lo nuevo? Repeticiones no refundan.

Decía Saint Exupéry: “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo por el mar”. La refundación de la izquierda no pasa hoy por reunirse en torno a una marca electoral golpeada, sino por evocar ese anhelo de mar. Si quieres construir el socialismo, no empieces por buscar un partido, ganar concejales o negociar puestos (cosas importantes), sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo por la emancipación. Es, una vez más, hora de ideas y pedagogías.

Juan Carlos Monedero es profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid

Amenazas de muerte a los y las jóvenes del Eixample de Barcelona

Basta de ataques xenófobos en la Casa Groga!!

(en català -tras el salto-)

Para hacer un rápido resumen, los y las jóvenes del Eixample de Barcelona, agrupados en la Coordinadora Infantil i Juvenil de l’Eixample, hemos diseñado y llevamos a cabo una serie de proyectos en un espacio de nombre “Casa Groga” (Casa Amarilla), sede del “Espai Jove de l’Eixample”, de un esplai (asociación infantil educativa), de un casal de jóvenes, y de una asociación cultural que ofrece servicios de grabación a grupos musicales noveles, además de la propia Coordinadora (Calle Ali Bei, 120, Barcelona)

Des de las asociaciones infantiles y juveniles hemos llevado a cabo proyectos de diferentes tipos. Uno de ellos es un huerto ecológico comunitario, el “Hort Comunitari Cas Groga”, que pronto saldrá de su estado de proyecto piloto y se abrirá a todo aquel/lla que quiera participar (4 febrero 19h reunión de interesados/as). Otro de estos proyectos es la “Zona Jove” (zona joven), un espacio de encuentro para adolescentes y jóvenes, pensado y dinamizado para hacer que los y las usuarios y usuarias sean protagonistas de sus horas de ocio y lleven a cabo proyectos cívicos, sociales y culturales, y así tengan un espacio para relacionarse e integrarse de manera positiva y constructiva hacia sus vecinos, vecinas, compañeros y compañeras. Por las características propias del entorno territorial y social, una parte de los y las adolescentes que participan son de familias de origen extracomunitario (principalmente Latinoamérica), hecho que da valor añadido al proyecto y realza su valor socioeducativo.

El “Espai Jove de l’Eixample”, además, programa una serie de actuaciones teatrales, de danza y musicales, de grupos noveles que tienen difícil el acceso a los circuitos comerciales culturales. Este hecho, sumado a la poca adecuación del edificio para tales actuaciones, provoca molestias a los y las vecinos y vecinas, que, con toda legitimidad, reivindica sus derechos individuales al descanso, amparados por ordenanzas municipales y leyes de protección frente a la contaminación acústica. Partiendo de esta certeza, los vecinos presentaron una denuncia donde se evidenciaba que el espacio no estaba preparado para hacer actuaciones musicales, y que tenían todo su derecho a descansar. Seguidamente, el Ayuntamiento nos envió una carta ordenando la prohibición de cualquier actividad musical, orden que cumplimos ipso-facto (desprogramando a dos días vista, estamos hablando de mediados de julio de 2009).

El paso siguiente, lógico, seria la adecuación del espacio para poder hacer esas actuaciones musicales, pues el mismo ayuntamiento ha expresado en múltiples ocasiones que el carácter del espacio es marcadamente musical (en sus guias aparece como equipamiento juvenil especializado en música), y el reciente Plan de Equipamientos Juveniles de la ciudad así lo marca. De hecho la misma Coordinadora llevaba cerca de un año reclamando al ayuntamiento estas mejoras. Se tiene que remarcar en este punto, que otros equipamientos de la ciudad, mediante la convocatoria del PlanE del Estado, han efectuado mejoras idénticas a la planteadas, sin ningún coste para el consistorio, y por esa vía se habían efectuado las demandas antes del asunto con los vecinos.

Pero dos meses más tarde el Ayuntamiento no solo no había movido ningún hilo, si no que todavía nos daba largas. Entonces la Coordinadora decidió hacer público el asunto y su posición: los vecinos y vecinas tienen derecho al descanso y el Ayuntamiento tiene que adecuar el espacio para permitir la convivencia de los dos derechos.

(Al hacerse público constatamos que todos los equipamientos juveniles de la ciudad están en la misma situación o muy parecida a la que sufrimos la juventud del Eixample, y a partir de ese momento se empezó a trabajar conjuntamente para encontrar soluciones y hacer un frente común para reclamar los derechos de los y las jóvenes a tener espacios públicos de expresión musical)

A parte de todo esto, nuestro querido Ayuntamiento ha seguido en su línea: dar largas. En medio de todo esto aparece una reflexión: los problemas con la vecindad son a partir de la apertura de la “Zona Jove” -septiembre de 2008-, ya que conciertos se llevan haciendo cerca de diez años atrás (el 2010 se celebrará el 10º aniversario de la apertura del edificio para proyectos juveniles), y sabemos que hay cierto sector de la sociedad que no ve con buenos ojos la presencia de personas con origen, o de familias con origen, extranjero y que les molesta cierta estética juvenil, que suele coincidir (no siempre ni con todos/as) con aquellos/as que llevan adelante voluntariamente proyectos cívicosocioeducativos, que son las personas que participan en este proyecto. Aparece el fantasma de la xenofobia y la intolerancia. Esta reflexión se descarta rápidamente por parte de los responsables municipales (únicos que han tenido contacto con los demandantes).

Todo sigue igual hasta que el pasado 20 de noviembre, al abrir el buzón del equipamiento, nos encontramos un escrito anónimo, en catalán, que acaba con la frase:

“Mort per a la Chusma i a la gent que la tolera!!!” (reproduzco literalmente, traducción: Muerte para la Chusma y a la gente que la tolera!!!)

No hace falta remarcar que el contenido del escrito hacía referencia al origen de algunos de los adolescentes que participan en la “Zona Jove” y a los y las jóvenes que voluntariamente hacemos proyectos en el equipamiento o nos reunimos para preparar actividades y proyectos (nos tacha de “mierda que no hace más que violar, robar y molestar a la gente normal”, no explicaba qué era la gente normal, supongo que quien lo había escrito se debía considerar muy normal).

De pronto el fantasma no sólo vuelve si no que se materializa en una realidad.

Presentamos el escrito al Ayuntamiento, pidiendo protección, apoyo y explicaciones (recordemos que sólo ellos han contactado con los vecinos, hasta la recepción del anónimo, que fue su manera de comunicarse con nosotros).

Frente a nuestra insistencia, conseguimos saber que gran parte de las quejas de los y las vecinas no son per las molestias del ruido, si no pos las actividades que se hacen (a las 5 de la tarde, por ejemplo) y por la “pinta” de los usuarios, usuarias, participantes y dinamizadores/as que tienen que “soportar” cuando miran por la ventana o van a tirar la basura. La cosa es importante. El ayuntamiento está “negociando” por un asunto plenamente legal, como es el ruido (y no le pone ninguna solución), con un grupo de vecinos y vecinas xenófobos/as, intolerantes, con demandas más propias de tiempos pasados que con aquellos que quieren vivir y convivir con el resto de ciudadanos/as.

O sea, han revestido legalmente una demanda xenófoba, amparados por leyes y ordenanzas que fueron planteadas (nos imaginamos) con el objetivo de favorecer la convivencia y la cohesión social. Y lo más preocupante es que el Ayuntamiento está doblegándose a sus pies, por que no le da la gana (el coste económico no es una excusa) de hacer las mejoras necesarias para que todas las actividades (que no hacemos desde hace 6 meses) musicales puedan continuar, pero además cada vez deja hacer menos actividades, musicales o no, por miedo a que los vecinos los presionen más. Evidentemente, cómo más cede el Ayuntamiento, más alto es el nivel de exigencia, hasta el punto de amenazar de muerte a los que voluntariamente estamos llevando a cabo proyectos para hacer mejor, más cohesionada y más habitable nuestra sociedad, desde asociaciones infantiles -como grupos scout y esplais-, como desde asociaciones juveniles -como asambleas de jóvenes, centros juveniles y casales de jóvenes-.

Ahora nos encontramos la necesidad de tomar la decisión de qué hacer. Hasta ahora hemos estado al lado de los y las vecinos y vecinas, pidiendo mejoras al titular del edificio (el Ayuntamiento) para hacer posible su descanso, para que una o dos veces al mes se hagan conciertos de grupos noveles, dejándolos de hacer mientras no llegan las mejoras. Pero ya no podemos estar a su lado, sabemos que no es realmente lo que les molesta, y encima nos han amenazado de muerte.

Mientras reflexionamos y tomamos una decisión, he creído oportuno que supierais lo que jóvenes implicados en la construcción de una sociedad mejor, y en proyectos cívicos y sociales estamos sufriendo. Por la existencia de personas contrarias a la convivencia y a la cohesión de las personas que comparten un barrio, un distrito, una ciudad, un planeta. Y por la cobardía de una administración incapaz de tomar una decisión y que va asumiendo y cediendo ante más y más exigencias de algunos/as vecinos/as incívicos/as e intolerantes.
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